Arquitectura: Zendejas Arquitectos
Descripción: En la Huasteca Potosina se encuentra Xilitla, un Pueblo Mágico inmerso entre montañas, agua, niebla y una vegetación exuberante. A unos cuantos pasos del célebre Jardín Escultórico de Sir Edward James —poeta, artista británico y mecenas del movimiento surrealista— se localiza el terreno donde nace este proyecto.
El sitio posee una condición natural excepcional. Un riachuelo atraviesa el predio alimentado por el agua que desciende desde lo alto de la montaña, siempre fría y fresca. En su recorrido, el agua llega primero a una poza formada de manera natural por la erosión y el paso del tiempo; después continúa entre las rocas hasta perderse nuevamente en la densidad de la selva.
La vegetación es abundante y generosa. Se trata de una selva tropical antigua, conformada por árboles de grandes dimensiones que mantienen gran parte del terreno en sombra durante casi todo el día. El proyecto se implantó estratégicamente junto a una enorme parota de más de cien años, buscando estar lo más cerca posible de ella y, al mismo tiempo, abrir las vistas hacia el riachuelo y la poza natural.
La intención principal era sencilla: habitar la naturaleza con la menor cantidad de barreras posibles.
Queríamos una arquitectura capaz de desaparecer visualmente dentro del paisaje; una casa abierta, ligera y permeable, donde la selva pudiera entrar en el interior y el interior prolongarse hacia ella. Una estructura que no compitiera con el entorno, sino que pareciera flotar entre los árboles.
Xilitla se encuentra a más de 600 metros sobre el nivel del mar. La altitud, la humedad y la densidad de la vegetación crean una atmósfera particular. Durante ciertas mañanas, la niebla desciende entre las montañas y envuelve el terreno por completo. Por momentos, la selva desaparece detrás de un velo blanco para después revelarse nuevamente. Esa condición cambiante, casi escenográfica, forma parte esencial de la experiencia de la casa.
La propuesta parte de una imagen muy clara: una caja de cristal en medio de la selva.
Una delgada losa de concreto aparente define horizontalmente la vivienda. El concreto no aparece únicamente como una decisión estructural o estética, sino también como una referencia inevitable al universo de Edward James, quien utilizó este material para introducir estructuras surrealistas, excéntricas y monumentales dentro de la vegetación de Xilitla.
Frente a la ligereza del cristal y la cubierta aparece un elemento de gran peso: un largo muro de tierra compactada elaborado con materiales de la región. Este muro atraviesa toda la casa y, hacia uno de sus extremos, comienza a curvarse hasta abrazar el espacio. Su geometría se vuelve más orgánica y natural, generando un contrapunto entre lo preciso y lo imperfecto, entre lo industrial y lo primitivo.
Los pocos muros que existen no buscan fragmentar la vivienda, sino enmarcar sus distintas áreas. Sala, comedor, cocina, dormitorio y baño se relacionan continuamente entre sí. La privacidad no depende únicamente de puertas o divisiones físicas, sino de la posición del usuario, de la dirección de la mirada y de la manera en que los planos arquitectónicos se superponen.
Es una especie de privacidad abierta.
La casa puede sentirse completamente expuesta y, al mismo tiempo, protegida.
Para soportar la cubierta se colocaron estratégicamente ocho perfiles IPR de acero alrededor del proyecto. Su ubicación busca liberar las visuales tanto como sea posible y reducir la presencia estructural hasta convertirla en una serie de líneas delgadas entre el interior y la vegetación.
La materialidad interior pretende aportar calidez a esta estructura ligera. La duela de madera natural aparece tanto en el piso como en el plafón, envolviendo parcialmente el espacio y creando una atmósfera más doméstica y confortable. En las terrazas exteriores se utiliza piedra gris de la región, permitiendo que la transición entre arquitectura y terreno suceda de manera gradual.
En el corazón de la vivienda emerge una chimenea.
Aunque pueda resultar extraño imaginar un invierno frío dentro de una selva tropical, las condiciones de Xilitla son particulares. La altitud, la humedad y la sombra producida por los grandes árboles hacen que las temperaturas puedan descender considerablemente. Por ello, además de la chimenea, se propone calefacción mediante piso radiante en todos los espacios.
Durante el verano, la casa funciona de manera completamente distinta.
Las grandes superficies de cristal pueden desplazarse mediante ventanas corredizas hasta abrir prácticamente toda la vivienda. La ventilación cruzada permite que el aire recorra libremente los espacios y que la casa deje de sentirse como un objeto cerrado para convertirse en una terraza suspendida dentro de la selva.
Sobre la cubierta se plantea una capa de tierra vegetal y vegetación, que ayuda a reducir la transferencia de calor hacia el interior y permite que el techo se comporte como una extensión del propio terreno.
La casa tiene 182 m² de construcción dentro de un predio de más de 3,000 m².
Su relación con la Casa Farnsworth de Ludwig Mies van der Rohe es evidente y deliberada. De ella retomamos principios como la ligereza estructural, la continuidad espacial, la transparencia y la intención de borrar los límites entre arquitectura y paisaje.
Pero esta casa pertenece a otro territorio.
Aquí no existe una llanura abierta.
Existe una selva.
Existe humedad.
Existe lluvia.
Existe niebla.
Existen árboles centenarios y un río atravesando el terreno.
Por eso, más que reproducir una arquitectura, nos interesaba interpretar sus principios y adaptarlos a una realidad completamente distinta.
Queríamos conservar la libertad espacial de Mies, pero hacerla habitable bajo las condiciones específicas de Xilitla.
Aquí puedes abrir por completo la casa sin sentirte atrapado.
Puedes cerrar el dormitorio mediante paneles corredizos cuando tengas invitados.
Puedes esconder aquello que no quieres ver en el área de servicio.
Puedes caminar con poca ropa porque la propia vegetación se convierte en tu límite.
¿Cortinas?
Probablemente no sean necesarias.
La selva ya funciona como una.
Y cuando llegue la niebla, todavía más.
La arquitectura intenta desaparecer lo suficiente para permitir que el verdadero protagonista sea el paisaje: escuchar el agua, sentir la humedad, observar la luz filtrándose entre las copas de los árboles y percibir cómo la casa cambia de carácter a lo largo del día.
Mies buscaba una arquitectura libre, transparente, abierta, simple y sin ataduras. Una arquitectura donde estructura, espacio y vida pudieran existir con la menor cantidad posible de obstáculos.
Aquí intentamos llevar algunos de esos principios a la selva de Xilitla.
No para imitarlo.
Sino para preguntarnos qué sucede cuando aquellas ideas modernas se encuentran con un paisaje indomable, húmedo, exuberante y antiguo.
Y quizá ahí, entre el concreto, el cristal, la tierra, la madera, el agua y la niebla, aparezca otra manera de habitar.
Una más abierta.
Más libre.
Más cercana a la naturaleza.
Creo que aquí se puede vivir muy feliz.
Gracias por todo, Mies.
Te queremos.
ZA